על תחיית המתים א׳:א׳On Resurrection of the Dead 1:1

א׳
1En el cual se valida la resurrección de los muertos por la autoridad de los libros de Moshé.
1.1. El ilustre y tan insigne sabio, Rabí Moshé de Egipto (Maimónides) constituye la creencia en la resurrección de los muertos como el último de los trece artículos de la fe que debe tener todo israelita; esto es, fe en que los muertos, cuyos cuerpos por la ausencia del espíritu se han disuelto, fundiéndose en sus mismas almas, volverán una segunda vez a gozar una vida corporal en este mundo.1Esta declaración aparece en Maimonides, Mishneh Torah, Hiljot Teshuvá 8, donde se infiere de una lectura literal de Núm. 15: 30-31 que el alma será cortada de entre su pueblo; y en su comentario sobre la Mishná, Tratado Sanhedrín 10, Capítulo Helek.
ב׳
2Y porque, allí, él excluye de ser israelita a quien negare esto como un punto esencial; porque así lo entienden generalmente los hebreos, me pareció decente, para comprobación de esto, primeramente, traer los lugares de donde los antiguos sabios lo infieren con probabilidad, o con demostración.2Probabilidad y demostración” hacen referencia a la retórica clásica aplicada a la exégesis de descripciones bíblicas, donde la probabilidad, traducida como posibilidad, indica algo que es posible y más bien que no es falso, mientras que la demostración indica su lógica racional. Cicerón enumera catorce cosas que sirven a la probabilidad: La naturaleza de los narradores según sus atributos y perfecciones; la cuenta del tiempo del evento; la narración del lugar; si se conoce la causa del suceso; si el suceso llama la atención; si no es extraño de la opinión humana; si lo dicho concuerda con la autoridad del que habla o de quién se habla; con las leyes; con las buenas costumbres; con la religión y compasión porque según la bondad de los hombres se les da fácilmente crédito; si lo dicho venera la virtud; si la memoria del narrador es buena; si la verdad contenida ya fue experimentada; la honestidad de la vida del narrador. Cicerón menciona entre aquellas cosas que por la mayor parte llegan a suceder y da el ejemplo de los castigos preparados para los malvados en la resurrección (De Inventione I, XXIX,49).
ג׳
3Después añadiremos las razones naturales, y por fin concluiremos con la experiencia, ambos medios de cualquier conocimiento perfecto; y así, empezando por orden en el presente capítulo, citaremos los textos de los libros de Moshé y después las Sagradas Escrituras.
ד׳
4Es pues de notar, que el primer lugar donde éstos infieren la resurrección, es del Génesis 2, donde la Sagrada Escritura tratando de la formación de Adán, dice:
וייצר יהוה אלהים
Y formó A. Dios (a Adán)3Dado que los nombres de Dios son sagrados, muchas autoridades dividen los nombres o los acortan con siglas para evitar el uso indebido, posiblemente basado en Oseas 2:19: "... y nunca me llamarán por mi nombre" (Ver R. David Nieto, De la Divina Providencia, p. 178). Basado en la tradición sefardí, Menasseh Ben Israel a veces usa “ A.” en lugar del nombre deletreado completo. Esto fue practicado comúnmente en los siglos XVI y XVII por hombres de genio cuya contribución se basa en la absorción de la tradición, no en la innovación. Este nombre es el resultado lógico de la retórica existente en su tiempo y surgió como un jeroglífico o símbolo que representa con el ángulo superior de la letra A la perspectiva de la Providencia de Dios supervisando desde arriba, p. Ej. "A. abandonó la tierra, A. no supervisa" (Ezequiel 9: 9).
Véase el Libro 2, Capítulo 3, Otras fuentes de invención, 90a, Tratado sobre Retórica (1665) de R. Raphael Aguilar.

(Génesis 2:7)
ה׳
5es cosa digna de ponderar que aquel vocablo, וייצר (vayser) y formó, está escrito con dos Yodin (יי), mientras que más adelante tratándose de la formación de los cuadrúpedos, está escrito sólo con una sola Yod (י):
ויצר יהוה אלהים
Y formó A. Dios (los cuadrúpedos...)
(Génesis 2:19)
ו׳
6Dicen pues los antiguos, esto tiene cierto énfasis, y así haciendo sus consideraciones acostumbradas, dieron varias soluciones.
ז׳
7Primero dijeron que en esto se mostraba la diferencia del hombre frente a los demás animales, y al duplicar la yod (י) significaba, las dos disposiciones que hay en él, el apetito bueno y malo (יצר הטוב ויצר הרע); las cuales son los dos apetitos (inclinaciones) que tiene el hombre para el bien y para el mal. La inclinación al mal (יצר הרע) la llamaron los filósofos con los nombres de apetito irascible, y apetito concupiscible.4Estos apetitos sensoriales en el sentido clásico están tomados de la Ética de Aristóteles. Aristóteles describe en la Ética a Nicómaco, lo irascible, como la reacción emocional animalista motivada por la pasión (Capítulo 2); mientras que lo concupiscible o pasión exterior mueve a los seres humanos hacia el deleite o el placer como un fin en sí mismo (Capítulo 10). La primera categoría puede ser utilitaria como impulso reactivo hacia algo considerado bueno por su utilidad. Por ejemplo, el impulso de un animal que busca refugio, el impulso por el dinero i.e. el epítome de la utilidad, etc. Ambas categorías tienen propósitos parciales y materiales. Hay un tercer propósito en la ética de Aristóteles, que trasciende las necesidades vitales inmediatas en búsqueda de la honestidad y la veracidad como bien supremo. En particular, Aristóteles aplica estas tres categorías a la virtud de la amistad (philia), con tres nociones correspondientes al afecto humano (philetón): (1) lo útil (chrésimos) de lo cual el dinero es su epítome; (2) lo deleitoso (hedys) que da placer; y (3) lo bueno que es verdadero y honesto (agathón). Ver Etica Nicomáquea, Capítulo 8, III, 1156a7-b12. Menasseh Ben Israel agrega que los dos primeros apetitos sensoriales o animales se conocen en el judaísmo como (יצר הרע) la inclinación al mal (Berajot 61a:3).
ח׳
8Segundo, dijeron que esto podría representar que en Adán concurrieron dos formaciones, la suya propia, y la de Eva que tenía la costilla pegada y junta a la espalda.5q.v. Eruvin 18a:15 ; Ketubot 18a:9.
ט׳
9Tercero, dijeron que significa, los dos tiempos de la formación del niño en el vientre de la madre, esto es, hasta el séptimo mes (fetus), y noveno mes (bebé); según afirman los filósofos por otras razones, que aquí se pueden omitir.6R. David Kimhi (Radak), comentario sobre Génesis 2: 7, 4.
י׳
10Cuarto, quieren, que en estas dos formaciones, se contengan las dos partes, de que es compuesto, a saber, el alma, y el cuerpo, la una espiritual, la otra terrestre.7Rashi sobre Génesis 2: 7, 3.
י״א
11Finalmente, aquella razón, la quinta y última con la que argumentan aquí el significado la formación que tiene el hombre en este presente mundo, y la otra formación en el futuro, en la resurrección de los muertos; y de aquí la probabilidad de inferirla de dicho artículo y fundamento de la ley.8Rashi dice en Génesis 2:7,1 que la letra yod está escrita dos veces para dar a entender que había dos formaciones, una formación del hombre para este mundo y una formación del hombre para la resurrección.
י״ב
12En otro lugar, acerca de la maldición que Dios echó Adán en la cual por fin le dice,
בזעת אפיך תאכל לחם עד שובך אל־האדמה כי ממנה לקחת כי־עפר אתה ואל־עפר תשוב
con sudor de tu nariz comerás pan, hasta retornar a la tierra, que de ella fuiste tomado, que polvo tú eres y polvo volverás.
(Génesis 3:19)
י״ג
13Rabí Shimon Bar Yojai infiere:
מכאן לתחית המתים מן התורה כי עפר אתה ואל עפר תשוב תלך לא נאמר אלא תשוב
De aquí obtenemos la resurrección de los muertos en la ley, la cual no dice, polvo tú eres y al polvo vendrás, sino que dice volverás תשוב.
(Midrash, Bereshit Rabbah 20:10)
י״ד
14Este autor prueba el eficaz argumento porque parece que Adán siendo ya él mismo polvo, no hubiese de volver al polvo que ya era; de otra manera, no debía decir, polvo tú eres y polvo volverás, sino polvo te convertirás; ya era polvo.
(No hay redundancia: no dice, y al polvo “irás"- תלך)
אל עפר תשוב
Y polvo volverás
(Génesis 3:19)
ט״ו
15Allí se significa la resurrección de los muertos, como si dijera, polvo eres ahora, y este mismo polvo, o estado, volverás a una segunda vez en la resurrección de los muertos; la cual se excusara, sin haber pecado; porque él no morirá; o se transportará en cuerpo y alma como Enoc y Elías.