על תחיית המתים ט׳:א׳On Resurrection of the Dead 9:1

א׳
1Se prueba con algunas razones eficaces que el alma es inmortal.
9.1. Por la misma causa que el hombre disputa si su alma es inmortal o no, se ve muy claro que lo hace por aquella suposición que no le pudo entrar al hombre por los sentidos, pues, como algunos filósofos postularon (Valesius, or Francisco Vallés, De Sacra Philosophia, Capítulo 41. Conimbricenses: De Anima Separata, disputa, 1, Artículo 4), en la imaginación del caballo nunca entró la imagen de la inmortalidad, ni jamás llegará el alma a pensar de sí que podría sobrevivir al cuerpo si esta fuera corruptible como el cuerpo. Pero hallando algunas razones eficaces de las muchas con que esta verdad se prueba, la primera es la de Aristóteles, ilustrada por el rabino Yosef Albo, el cual en el Libro 4. Capítulo 41. Dice así:
עוד יש לי בזה דרך אחרת עיונית יותר עמוקה להכריח ההשארות הנפשיי מכללות התורה, והיא זו:
כבר בארנו כי הכחות המתחלפות לא יבאו אלא מהתחלות מתחלפות, ולזה כאשר ידענו שיש באדם כח בו ישתתף לבעלי חיים וכח בו יובדל מהם, ידענו שהכח אשר בו יובדל מהם יבא מהתחלה אחרת זולת ההתחלה הנותנת החיות בבעלי חיים, כמו הזנגאר שנמצא בו כח שורף וכח מאכל.
ב׳
2וכן מאשר ראינו שהכח שבו יובדל האדם מהבעלי חיים יש לו פעל מיוחד בפני עצמו בלי שתוף הכחות הגשמיות, וזה בהשגת העצמיות הנפרדות והמושכלות המופשטות מחומר שהוא דבר בלתי נפסד, שפטנו שזה הכח יש לו קיום בפני עצמו בזולת הגוף ולא יפסד בהפסד הגוף.
Todavía hay otra forma filosófica y más profunda de probar la inmortalidad del alma a partir de la Torá, como sigue: Hemos demostrado que los diversos poderes o facultades resultan de varios principios. Por tanto, si sabemos que el hombre tiene una facultad que le es común y que el animal tiene otra facultad en la que es distinto, sabemos que la facultad en la que se distingue del animal procede de un principio distinto del que da al animal su animalidad. De la misma manera, vemos que la facultad por la que se distingue al hombre de las bestias tiene una función específica y peculiar que no es corporal y que es indestructible, a saber, la concepción de abstracciones de substancias distintas y de ideas inmateriales. De ahí inferimos que esta facultad puede existir por sí misma sin el cuerpo y no se destruye con la destrucción del cuerpo.
(Sefer Ha-Ikkarim, Maamar 4:41, 2)
ג׳
3Si el alma es una subsistencia espiritual, es incorruptible. Este es el primer principio en buena filosofía, y que toda la decadencia nace del cuerpo, que lo va alterando, y disponiendo para ella en la lucha de las primeras cuatro cualidades (seco, caliente, frío y húmedo). Pues que el alma sea una substancia se prueba con que esta tiene un acto espiritual que no depende del cuerpo, que es la sabiduría y el conocimiento de los objetos.1Los platónicos pensaban que el alma es el hombre, y el cuerpo es como una vestimenta, o como una prisión. Era un tema resuelto que el hombre consiste de materia y forma; por la materia se entiende el cuerpo; y por la forma (sin materia) el alma. De acuerdo con esto, para el político romano e historiador, Salluste, todas nuestras facultades son del cuerpo y del alma. Nosotros usamos el comando del alma, y el servicio del cuerpo. La primera en común con lo divino y la última en común con los animales. (Sallustio, Catilinae coniuratione, 86). Luego ella ha de ser espiritual también, pues es cierto que el acto nace de la potencia, y este nace de la substancia (subsistencia) como la fruta del árbol, y todo ha de ser de una misma esencia ajena a un accidente espiritual.
ד׳
4No cabe en un sujeto decir que la sabiduría no es espiritual, esto sería un gran absurdo porque con sabiduría tratamos de cosas espirituales, pensamos en Dios, en los ángeles, juzgamos lo que ha de venir, conocemos lo pasado, y también nos divertimos en cosas universales, todo lo cual no está vinculado a los sentidos. Por lo que se entiende, que si el alma hace alguna obra, que no comunica con el cuerpo, sin forma material, es porque el alma está en todo y esto (lo material) depende de ella.
ה׳
5Esto mismo se puede probar por parte de la voluntad, porque ¿quién puede negar que la voluntad del hombre sea libre para querer y dejar de querer lo que se le antoja? y esta libertad corporal en potencia, no se concede en otro sujeto corporal. Pues la participación de esta libertad del apetito sensitivo no se halla en ningún animal. Esto es, resistir a seguir el conocimiento de la fantasía, que también es corporal, cuando contrario al regalo de los sentidos, el hombre prefiere el gusto de lo que es ético. Esto es un claro indicio, de que la voluntad humana es espiritual, porque de no serlo, no rechazaría los deleites del cuerpo cuando el alma es aficionada a la virtud; siendo así que los brutos no conocen ni tienen por bien, sino lo deleitable.
ו׳
6Esta misma inmortalidad se prueba de su substancia (subsistencia) porque el alma no tiene contrarios, y la corrupción no se halla sino entre contrarios (substanciales), porque las generaciones se hacen de un contrario al otro,2Aquí Menasseh, al mencionar que las generaciones se hacen de contrarios se refiere a la categoría de contrarios entre los adversos. Los adversos son contrarios, u opuestos en general, y se encuentran bajo una misma categoría genérica (ej. amor y odio, calor y frío). Lo femenino y lo masculino también son adversos bajo la categoría general humana, al haber sido creados juntos (Gen. 1:27). La generación y destrucción por contrarios pertenece también a los adversos. Otras definiciones de categorías de opuestos son aquellos contrarios de relación, o de dependencia (ej. padre e hijo, maestro y alumno). También hay opuestos de privación cuando se definen mediante la presencia y ausencia de la cosa opuesta (ej. luz y oscuridad, vida y muerte). Finalmente se encuentran los opuestos que son lógicamente contradictorios (ej. un ciego que ve, una definición sin fin). El alma en sí no tiene adversos, sino opuestos de privación, separada y distintamente de la materia corporal. Estas definiciones con sus distinciones y diferencias fueron estudiadas en la retórica clásica, y anotadas por Rabí Aguilar, Libro 2, Capítulo 10 de su Tratado de Retórica. y así los cuerpos celestes por no ser de materia que esté sujeta a contrariedad, no son corruptibles.
ז׳
7Y de la misma manera es el alma porque ella recibe lo que es en sí conforme es, y lo que recibe no tiene contrario, ya que las razones de contrariedad en nuestro entendimiento, no son contrarios reales, sino una ciencia (conceptual) de contrariedad. Luego, según esto es imposible que el alma sea corruptible, esta razón es mencionada por Tomás de Aquino en el capítulo 25.3Menasseh cita el capítulo 25 de la Summa Contra Gentiles de Tomás de Aquino, pero posiblemente se refiere al capítulo 27 que distingue a Dios de la forma de cualquier cuerpo, o el capítulo 28 mencionando a Dios como la fuente de todas las perfecciones representadas como virtudes. La edición en Latín cita a Agustín, De Civitate Dei (Ciudad de Dios) Libro 19, Capítulo 1, que trata de las virtudes; Teodoro de Mopsuestia, comentario sobre el Salmo 45, carta a Ireneo, Libro 5, Capítulo 5.
ח׳
8Fuera de esto el entendimiento tiene infinita capacidad, porque cuanto más conoce, más puede conocer, y la voluntad es de la misma suerte, porque siempre desea mucho bien hasta el infinito.4Aquí Menasseh alude a lo que constituye la esencia, o el alma inmortal del hombre, que son el entendimiento y la voluntad. El querer o el entender, son acciones inmanentes porque “se quedan en el mismo agente y no salen al otro sujeto”, su capacidad infinita es intrínseca. Sobre esto, Isaac Orobio aclara que los atributos que constituyen la esencia de las criaturas, abstraídas de ellas mediante nuestro entendimiento, son constituyentes de su esencia. Así, no pueden en ningún modo distinguirse de su esencia, pues son su misma constitución (Isaac Orobio, Caso Filosófico, Capítulo 1, II, 7). De esto se entiende, que si la capacidad esencial es infinita, su duración también debe ser infinita, porque según es el principio de la cosa, así es la esencia de la misma cosa, y todas sus propiedades. Así es que necesariamente el alma ha de ser infinita.
ט׳
9Podemos agregar que al conceder necesariamente la existencia de Dios, es necesario conceder la existencia de su Providencia, de la cual nace necesariamente la justicia, y de la cual se infiere la inmortalidad de las almas. Porque habiendo el castigo de faltar la Providencia de Dios, es necesario que la condena no termine con el cuerpo. Así en esta vida por la deprivación de virtud, vemos el florecimiento de los malvados, y el sufrimiento de los justos, por lo cual es necesario una recompensa en la otra vida. Y algunos filósofos dicen así (Augustín, Libro 1 de Civitate Dei, Capítulo 19; Teodoreto en el capítulo 45 in Genesin, y Irenaeus, Libro 5, Capítulo 5) quienes viendo en el mundo, la muerte del inocente Abel y el fratricida (Caín) edificando ciudades (Gén. 4:17), creyendo que el servicio a Dios era vanidad. Y así, a fin de volver a restaurar el crédito de la Providencia, esta tomó a Enoc en presencia de todos, para preservarlo de la muerte, para que así volviesen los ojos a mirar otros siglos, a consagrarse a pensar en la eternidad de la vida futura, en la cual se deshacen las desigualdades de esta vida presente.
י׳
10En el Libro Sefer Hassidim he visto una nueva prueba de esta verdad, y es, que supuesto que muchas veces se sueña con diferentes personas ya distintas, las cuales muchos años hemos puesto en el olvido o fueron olvidados, sin embargo, nunca jamás se sueña con algún animal muerto, aunque sea una mascota muerta, lo cual cierto no carece de misterio, y la razón es, que una bestia de naturaleza bruta perece y acaba con la muerte, pero no el hombre, quien aunque sin existencia (material o sensitiva) después de muerto, vive en cuanto alma. A algunos les parecerá esto fantasioso, por la razón fundada en el soñar; yo no la apruebo, ni la niego, por cuanto mi experiencia no me muestre lo contrario. Estas razones parecen las más eficaces, las cuales quise apuntar solamente, para refutar la creencia de los ateístas, y Saduceos, quienes creen que las almas son mortales y que ellas consisten en la sangre. Y aunque Cayo Plinio en la historia natural de los animales, Libro 7, Capítulo 5, niega esta inmortalidad, que fue sin embargo generalmente concedida, empezando con los poetas, en los cuales suele más veces ser dudosa la verdad cuando relatan del infierno, y de los campos Elíseos, lugares donde según los méritos, o deméritos de cada uno, decían, por la muerte se transferían las almas. Lo vemos en casi toda la tragedia de Séneca, en la Eneida de Virgilio, y en la Metamorfosis de Ovidio, así como en otros muchos poetas. Los historiadores también escriben de los hechos de algunos insignes varones que publican esta misma inmortalidad, donde Salustio dijo, la naturaleza de las riquezas tiene una corta gloria, y en poco tiempo se acaba; pero la virtud, es eterna y nunca perece su nombre, porque ésta, es inmortal como el alma:
Divitiarum et formae gloria fluxa atque fragilis est, virtus clara aeternaque habetur
La gloria de la riqueza y la belleza es fugaz y frágil, pero la virtud se mantiene brillante y eterna
(Salustio, Bellum Catilinae 1)
י״א
11Valerio Máximo dice de los indios que las mujeres procuraban acabar sus vidas con la muerte de sus maridos, para gozar con ellos en la otra:
respiciantur Indorum feminae, quae, cum more patrio complures eidem nuptae esse soleant, mortuo marito in certamen iudiciumque veniunt quam ex iis maxime dilexerit. victrix gaudio exsultans, deductaque a necessariis laetum praeferentibus vultum, coniugis se flammis superiacit et cum eo tamquam felicissima crematur
Por ejemplo, las mujeres de los indios, que por costumbre nacional suelen estar casadas con el mismo hombre. Cuando ese hombre ha muerto, se someten a una contienda y un juicio sobre a quién de ellas amó más. La ganadora, mientras celebra con alegría y es guiada por sus amigas que tienen caras felices, se arroja sobre las llamas de su marido y es incinerada con él como si fuera la más feliz de las mujeres.
(Valerio Máximo, Dichos y hechos memorables, II, 14)
י״ב
12Catón así mismo, se suicidó con deseo de gozar aquella vida inmortal, lo mismo hizo Diógenes; Lucrecio últimamente escribió estos versos:
cedit item retro, de terra quod fuit ante, in terras,
et quod missumst ex aetheris oris, id rursum caeli rellatum templa receptant.
י״ג
13Aquello que una vez vino de la tierra, regresa nuevamente a la tierra, y lo que cayó de los límites del éter, eso es nuevamente devuelto, y las regiones del cielo lo reciben nuevamente.
(Lucretius, De Rerum Natura, II, v 999-1001)